Noticia21/11/2025

Día Mundial de los Derechos de la Infancia

Hoy conmemoramos el reconocimiento internacional de los Derechos de las Infancias. Este día nos recuerda que debemos defender, garantizar y, en algunos casos, conquistar los derechos de todos los menores de edad. Es también una oportunidad para reflexionar sobre el papel que asumimos los adultos —familia, Estado y sociedad— como garantes de estos derechos. Quienes cuidamos, educamos y acompañamos debemos mantener siempre una mirada basada en derechos.

Durante todos estos días, en muchas localidades de España, se ha realizado un gesto sencillo, pero profundamente simbólico: los niños, niñas y adolescentes han reflexionado y escrito en globos sus derechos. Estos globos se convierten en un mensaje de vida, una declaración de valor y una invitación a cuidar, proteger y escuchar a las infancias.

 

¿Quién educa y acompaña?

La respuesta es clara: todos y todas. No importa si tenemos hijos o no: como sociedad educadora somos modelos de referencia para las generaciones más jóvenes. Ellos son el futuro, pero también el presente que define ese futuro. Los niños y las niñas nos observan, aprenden por imitación y debemos ser conscientes de cómo nos relacionamos, cómo hablamos, cómo resolvemos conflictos y cómo actuamos en cada espacio.

La familia es el núcleo principal de educación y protección. Debemos cuidarla para que sea un espacio seguro y afectivo para los menores. Hoy, más que nunca, debemos reconocer la diversidad de familias y garantizar que todas puedan cumplir su función protectora.

 

Infancia y pobreza

En Cáritas no hablamos de pobreza infantil, porque la infancia es riqueza por naturaleza: es el bien más preciado de la sociedad. Sí hablamos de familias y entornos de pobreza en los que viven y crecen algunos niños y niñas. Es necesario trabajar para que todos los niños y niñas accedan a los derechos que les corresponden y disfruten de la igualdad de oportunidades.

 

Escuela y espacios seguros

La escuela y los institutos son espacios esenciales de educación y relación. Deben configurarse como entornos seguros y protectores. Como sociedad, debemos reconocer y valorar el papel de los maestros y maestras, profesores y profesoras. A la escuela se va

a mucho más que a aprender: los agentes educativos deben asegurar que la experiencia de los menores sea satisfactoria y enriquecedora para todos y todas.

El acoso escolar y la violencia entre iguales nos preocupa. No podemos mirar hacia otro lado ni quitar importancia a lo que nos cuentan los niños y las niñas. Debemos dejar de normalizar la violencia entre iguales: no, no es “cosa de niños”. Defendamos el derecho a que nada ni nadie les robe la sonrisa.

 

Educación no formal y protección

Reconocemos el trabajo de educadores, trabajadores sociales y profesionales de la educación no formal. Que los discursos de odio y el miedo sin fundamento no nos impidan ver la vulnerabilidad de algunos menores no acompañados.

 

El derecho a jugar

Sabemos que lo que más les gusta a los niños es jugar. Este derecho debe reconquistarse en las ciudades, en las calles y en las agendas de los adultos. Como dice Francesco Tonucci: “Una ciudad segura, divertida y cómoda para los niños será, por añadidura, un espacio público de calidad para todos”.

 

Pantallas y salud mental

Cada vez hay más evidencias científicas sobre los impactos negativos del uso prematuro de pantallas en el desarrollo cognitivo, el lenguaje, la salud física y mental. Vivimos rodeados de tecnología, internet e inteligencia artificial. En un mundo tan artificial, se hace necesario incorporar algo tan humano como los derechos. La humanización del avance digital pasa por adaptar los derechos humanos a este mundo digital.

Es fundamental prevenir, cuidar y atender la salud emocional y mental de los menores de edad. El sistema público debe mejorar para ofrecer atención integral y reducir listas de espera. Pero también la sociedad debe actuar con responsabilidad en el trato y cuidado como factor de prevención.

 

Conflictos y paz

Debemos mostrar a las infancias formas asertivas de resolver conflictos. Hoy existe una peligrosa normalización de la guerra. No hay guerra sin muertos. Según UNICEF, en los últimos dos años se ha constatado la muerte o mutilación de 64.000 niños y niñas en Gaza, entre ellos al menos 1.000 bebés.

 

Nuestro compromiso

Desde Cáritas reafirmamos nuestro compromiso en la protección de las infancias frente a la violencia y la vulneración de derechos. Hemos implementado un protocolo para aplicar la Ley Orgánica del 5 de junio de 2021 (LOPIVI), que refuerza la detección y coordinación ante situaciones de violencia.

Trabajamos para ofrecer espacios seguros y de buen trato, donde se practique la escucha activa, libre de juicios y estereotipos. Lugares para aprender, equivocarse, experimentar logros y gestionar la frustración.

Desde nuestra acción social, pastoral y comunitaria, acompañamos a familias e infancias en situación de vulnerabilidad, reconociendo sus fortalezas y capacidades. Apostamos por una mirada integral que no solo proteja, sino que empodere. Porque cada niño y cada niña son portadores de futuro, y cada adolescente es protagonista del presente.

Defender los derechos de las infancias no es opcional: es un compromiso ético y social. Hacemos un llamamiento a toda la sociedad —instituciones, comunidades, familias y personas— para unirnos en la defensa activa de los derechos de las infancias y las adolescencias. Que la esperanza sea el motor que nos impulse a construir un mundo donde ningún niño ni niña quede atrás, y donde cada joven pueda desplegar su potencial con libertad, equidad y amor