Noticia18/08/2026

“Mi párroco me animó a darme a quien nadie quiera, donde nadie quiera y como nadie quiera”

Adela López Lisón vive con valentía su compromiso con la Iglesia. En Cáritas está volcada en la infancia y las personas sin hogar.

Entre las parroquias Santo Cristo del Valle y Nuestra Señora del Rosario de las pedanías murcianas de Torreagüera y Puente Tocinos, Adela ha vivido su fe. A través de un acompañamiento sincero, cercano y fraterno siempre ha estado atenta a aquello donde el Señor le dice actuar. “Señor, hoy he hecho lo que he podido”, se repite ella tanto en su trabajo civil como en el eclesial.

Para Adela, todo comenzó con un “algo me faltaba, aun teniendo todo”. Pedro Tudela le invitó a acercarse al Movimiento Cursillos de Cristiandad. “Me abrió las puertas de la Iglesia. Yo necesitaba aprender”, comparte Adela.

Los diferentes proyectos donde se ha volcado se han ido concatenando a lo largo del tiempo. Ha vivido campamentos de verano Diocesanos y de Acción Católica, participado como catequista con niños y jóvenes, y dado su testimonio en Cursillos Prematrimoniales y encuentros de parejas. “La persona voluntaria tiene que tener una vida de fe”, sentencia.

Actualmente, mantiene en convivencia diferentes servicios eclesiales donde se siente, en este momento, llamada a implicarse, “dejando el sitio a otros que seguirán aportando”, reconoce. En Cáritas, participa en los programas de Infancia y Familia, y de Asentamientos de la Cáritas parroquial.

Su marido, Francisco José Hernández Pellicer, y ella han participado en un encuentro conyugal del Movimiento Familiar Cristiano y han colaborado en dos posteriores. Juntos, en la parroquia, acompañan a grupos de vida de adultos en los que muchos de los participantes provienen de Alpha. Además, arropan de forma periódica a un grupo de matrimonios para continuar creciendo como unión y familia cristiana, y apoyan en la difusión a la parroquia con retransmisiones de celebraciones, formaciones y reflexiones en redes sociales.

Sus encuentros recurrentes con una persona sin hogar en la puerta de la Iglesia de la Merced de los Padres Franciscanos le llevaron a Adela a hablar con su párroco de esta realidad invisible porque “necesitaba ver cómo responder como cristiana”. Antonio Guardiola Villalba le ofreció acercarse a la extrema exclusión visitando los asentamientos chabolistas e infraviviendas en la huerta puente tocinera. “Mi párroco me animó a darme a quien nadie quiera, donde nadie quiera y como nadie quiera”, comparte Adela.

Hace más de cinco años que semanalmente acude a esas zonas, formando con la también voluntaria Lorena Piornos López y la educadora Maribel Rubio Reinoso un equipo mixto de Cáritas que ha compartido con los hombres y mujeres de los asentamientos momentos difíciles y esperanzadores en este contexto de gran complejidad.

“Nos metemos debajo de las higueras. Están esperando que sea el día y te dan las gracias cuando nos ven aparecer”, explica Adela sobre los recorridos que hacen por los diferentes grupos de asentamientos de búlgaros, rumanos, marroquíes y senegaleses. Entre conversaciones, traslados, gestiones compartidas y visitas a urgencias médicas se establece “un vínculo porque ves en ellos lo mismo que en ti”.

Aunque el número de personas fluctúa a lo largo del año por las campañas agrícolas, más de 60 personas migrantes tienen en la Iglesia una mano tendida que se acerca a sus heridas con respeto y reconocimiento de su dignidad vulnerada. “Hay gente que se esfuerza muchísimo en salir pero no puede” recuerda mientras plantea que “esto es una carrera de fondo”.

Tanto la Cáritas parroquial Nuestra Señora del Rosario como la vecina Cáritas parroquia Nuestra Señora de Fátima en el barrio de Vistabella tienen clases de español donde acuden algunas de las personas de los asentamientos.

“Te da mucho coraje, a veces no puedes hacer más”, reconoce al recordar las difíciles condiciones de vida a las que se enfrentan, salpicada de expectativas y decepciones. El mayor problema de las personas sin hogar es la imposibilidad de empadronarse, requisito imprescindible para acceder a derechos como la sanidad.

El sinhogarismo puede repercutir en la salud mental, en la aparición de enfermedades o el agravamiento de enfermedades previas y derivadas de la edad que no pueden tratarse de forma adecuada en una cotidianeidad tan precaria.

“No estoy aquí para juzgarles sino para amarles. Me acerco, escucho y animo.”, resume Adela su servicio en Cáritas.

El proyecto de Apoyo Integral a Personas y Familias en Asentamientos e Infravivienda de Cáritas Diócesis de Cartagena están cofinanciados por la Consejería de Política Social, Familias e Igualdad de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, el Ayuntamiento de Murcia, colaboradores jurídicos y colaboradores físicos de Cáritas parroquiales y Cáritas diocesana.